Vaya horas de llegar y otra noche que duermo en el sofá. Mi mujer no respeta ni lo del sábado sabadete. Ya no se cree que me he quedado con un cliente al que le iba a asegurar toda la flota de su empresa y es que la "joía" - con cariño- sabe más que los ratones coloraos.
Y para colmo no he acabado de de cerrar operación alguna después de pagar e inflarle al tipo a copas en un sitio que no hay más que "tías se miran pero no se tocan" y tíos que tienen pinta de llamarse todos Borjas o Guillermos con el "casco engominao" , el que tiene pelo claro, camisas de rayas patrocinando al caballito del Ralf Lauren , al señor Tomy Hilfiguer o a su primo Tomas Burberry. ¿Marcas o todos los pijos van marcados? Desde luego parece que se me acaban los poderes de ejecutar como antaño estos negocios.
Y el cabrón me lleva a cenar de pinchos a baretos de vidriera amarillenta, tíos con palillo en la boca y azulejos con mensajes tipo "si quieres que tu mujer te quiera, ten dinero en la cartera" ó "aquí solo se fía a niños mayores de 90 años y si vienen acompañados por sus padres".
Si llego a saber que me quedo sin el polvete, hubiese cambiado mi inversión por un momento lujurioso en el Flowers Park o D'Angelo, donde hay niñas de categoría , y sin marca reconocida, éstas si que tienen poderes que te hacen subir al cielo y encima se quedan tan frescas tras hacer "cash" con los 100 euros
En fin, al menos la Paqui no me ha pedido el divorcio.