Algún año en San Isidro me acerqué a Las Ventas. Era el lugar ideal de acceder a público femenino de alto standing, relacionarme entre las señoritas pijas, meterme unos chutes de autoestima social entre la jet y de paso acceder a un mercado potencial de clases altas para introducir mis vaporettas de Príngate Electronics.
Acabé mendigando pases de barrera a la sombra, la economía como siempre, andaba justa y escasa. Se supone que como buen paleto venido a Madrid desde provincias, deberían apasionarme los toros y en efecto, así era, pero como he dicho: los toros, nada del espectáculo en sí y los toreros.
Allí empecé a conocer aquel mundo de apoderaos, chalanes, monosabios, chulos de toriles y fauna similar, que pasaban por el callejón; ciertamente eran todos del género animal. La de veces que pensé que por qué no le daban una espada al toro, con lo bonitos que recordaba yo a esos animales sueltos por las dehesas de mi tierra natal, en lugar de aguantar tal espectáculo y los adicionales improperios provenientes del público y toda aquella camarilla avecindada en la barrera.
El caso es por entonces no tenía churri, y aquella tarde ligué con una niña pijita del club de fans de un famoso matador de por entonces. Pitu se hacía llamar,- a mí me sonaba a "piturreo"-, y en mi vida me había repasado tanto Vogue y El Mueble esperándola mientras se duchaba y arreglaba al salir de su club de padel los martes y los viernes, cuando no de su sesion semanal de rayos UVA preestival.
Lo que no sé es como se fijó en un calambuco como yo, aunque despues adiviné que por aquella época entre el pijerío femenino estaba de moda foguearse en profanas experiencias pecaminosas, algo así como en la peli"La cena de los idiotas" pero con derecho a roce con alguien de la plebe.
Aproveché la coyuntura y conseguí reunir un día a un grupito procedente del club de fans taurino y otras del de pádel. Yo en mi papel y ella en el suyo a modo de trofeo cobrado, como queriéndole decir a todas: a éste es al vendedor ambulante al que me follo. Como no disponía de toda la gama de productos de Príngate Electronics, les puse un video demostración en el que aparecian todos los productos domésticos e industriales que yo representaba.
Acabada la presentación, les pregunté que de todo lo que habían visto qué era lo que más les gustaba y más del 90 % respondió que la chacha esa rumana, que qué limpio lo dejaba todo y qué sofisticada la chavala.
Yo completamente seguro que no había chacha alguna, repasé el video y en efecto aparecia mi compi de fábrica Mercè, demostrando el funcionamiento de alguno de los aparatos, pero solamente en un plano se veía su rostro claro y pelo rubio, el resto simplemente sus manos operando con los distintos modelos de pringuettas y dejando unos resultados asombrosos.
Aquel día rompí con Pitu y no vendí artefacto alguno. Descubrí entre risas que había sido utilizado como bufón de pijas, eso sí, me quedan los recuerdos de esos polvitos en su piscina de urbanización. Ha sido mi única amante posh
El concepto de hoy: el mercado.
Es inútil hacer una labor sofisticada frente a un cliente que no es el objetivo. Hemos de tener muy claro cual es nuestro target para así no perder tiempo y dinero, tanto en los negocios como en la vida misma


¿Y has vuelto a ir a los toros Quintín?
Yo en mi casa de rebote leo Casa y Jardín y el Hola
Pero la experiencia no te la quita nadie. Seguro que te vino bien, para ser más selectivo a la hora de demostrar tus habilidades. Menos mal que Paqui aún no estaba en tu vida. Un abrazo.
Que contenta estoy de que hayas vuelto Quintin!!!!
jajajaja!!!!!
besotes, te paso a leer mas detenidamente!!!
Eso te pasa por meterte en jardines exóticos.
Tu no ves que estas niñas no piensan en vaporetos. Supongo que llegado el caso será la misma domética quien comente en casa
¡he visto un aparato que vendría muy bien para los ácaros de la señora!.
Bueno, el caso es que no vendiste nada pero sacaste un beneficio ¿no?
Jajaja, buenísimo, amigo.
Saludos.